LA LEYENDA DE LA SALAMANCA

En Santiago del Estero dicen que “La Salamanca” es un lugar en lo más oculto e impenetrable del monte cuya entrada conduce a una cueva donde concurren los excluidos, las brujas, los asesinos, los malditos y también a quienes asisten para adquirir determinadas destrezas cambio de un pacto con “Supay”, el diablo. ¿Qué pide a cambio? El pacto se paga con el alma de un familiar o la suya propia que será entregada para soportar los infortunios del mal.
El diablo mayor otorga el don de ser el mejor guitarrero, el mejor domador, suertudo con las guainas, ganador en los juegos de azar, buen cuchillero y mejor rastreador. Pero para ganar la confianza del Tío, es necesario vencer pruebas de valor antes de ingresar al recinto. Soportará el salamanquero el embate de horribles bestias, furiosas víboras, sonidos que hielan la sangre, visiones demoníacas, cruzará senderos de espinas y fuego, pero principalmente abjurará de Dios, escupiendo a la entrada un crucifijo. Cerrado el trato, sale al mundo a despertar la envidia de otros varones y la admiración de las mujeres.

En las noches, en ruedas de fogón, contaban a sus jóvenes historias sobre La Salamanca. El gran interés que despertaron estas narraciones hizo que sea un excelente recurso para infundir miedo, aumentar su prestigio de «hombres experimentados» y sobre todo, transmitir pautas culturales, y valores de tipo ético o moral.
La creencia en La Salamanca proviene de España. Allí al finalizar la expulsión de los moros, se tejieron historias sobre las prácticas de brujería y magia negra que llevaban a cabo los invasores en las cuevas de las montañas y la más famosa era la Cueva de Salamanca. La literatura ibérica satirizó a la sociedad de la época, creando obras donde los protagonistas cuya moral se cuestionaba, eran visitadores de las Cuevas para estudiar magia negra.
Fuentes:
Cuentos y Leyendas Santiagueñas de Chingolo Suarez;
La Salamanca de José Ramón Farias.

El FESTIVAL NACIONAL DE LA SALAMANCA

Nace como idea en el año 1991, pero se concreta recién en el año 1992 durante la gestión del entonces Intendente Héctor Eduardo “Chabay” Ruiz. La primera edición del festival de LA SALAMANCA, se realiza en el Club Sarmiento de la ciudad de La Banda y nace como un evento comunitario, por la gran participación de instituciones, centros vecinales, clubes deportivos y sociales, que contribuyeron de manera fundamental aportando su trabajo en la organización del festival e intentando recaudar fondos. Por aquel entonces, entre las carpas de ventas de comidas y bebidas, se destacaba la carpa de PERCHIL en la que un grupo de personas vendían pescado: bagre, dorado a la parrilla eran especialidades muy requeridas por los concurrentes.
Una gran carpa de bebidas era cedida a los directivos del club a cambio del préstamo de las instalaciones para realizar la fiesta. Las de comidas y otras alternativas de bebidas eran para otras instituciones con fines de recaudar fondos para sus necesidades, ya que en su gran mayoría eran instituciones sin fines de lucro. Los quinchos eran improvisados con paja y caña que rodeaban la cancha del club Sarmiento.

El Festival no contaba con un escenario fijo, ideado, ni confeccionado, se improvisaba uno con los pocos recursos económicos con los que la gente de la organización tenía a disposición. Fue entonces que Carlos Carabajal, trabajó la escenografía, la primera, que consistía en una tela tipo lienzo, pintada con imágenes de la cueva de La Salamanca y sus habitantes: duendes y animales, pintada por el plástico Lito Garay y con la colaboración Joshela Scrimini.
Ese año se realiza un homenaje a Jacinto Piedra quien había fallecido trágicamente en un accidente de tránsito. En el escenario se colocó una imagen de este músico, pintado en un telgopor grande sostenido por ramilletes de globos inflados con gas que los organizadores pensaron elevar al cielo en determinado momento del festival, pero la imagen quedó suspendida agarrada de un árbol del club. Este hecho generó un murmullo y comentario general que “Jacinto no se quiere ir, quiere quedarse en el festival”, a raíz de este hecho y en reconocimiento a la trayectoria de Jacinto Piedra, desde entonces el escenario lleva su nombre.

Los primeros locutores de este evento fueron Lito Cabrera de Sumampa y Coco Coronel Monjes de Jujuy con la coordinación de Miguel Coria.
Buscando vestir de efectos el escenario, cada noche se preparaba un cartel grande con las letras LA SALAMANCA, que se rellenaba de estopa que luego se encendía, con lo que se simulaba el fuego salamanquero. De esta forma, cada noche, daba inicio el festival, que era acompañado por los fuegos de artificiales que iluminaban el cielo de la ciudad de La Banda
Actualmente el festival recibe cada año un gran número de artistas consagrados, que brindan su danza, música y nuevos talentos. Se ha convertido en uno de los festivales más reconocido del norte argentino logrando que nuestra ciudad de La Banda adquiera una verdad identidad que es “La Cuna de Poetas y Cantores”.